La luciérnaga Felisa
Érase una vez, en un país muy, muy lejano, la Luciérnaga Felisa vivía triste y deprimida. Su familia y sus amigos intentaron animarla, pero no había forma de lograr que saliera con ellos a alumbrar con su luz cada noche. ¿Por qué no vienes cada noche con nosotras, Felisa? Le dijeron sus amigas. Porque me avergüenza mi luz en comparación con las estrellas, mi luz apenas es un puntito en la noche ¿de qué sirve que alumbre si alumbro tan poco? Respondió Felisa entre lágrimas. Y así pasaron las noches, y Felisa seguía encerrada en su casa, y nadie conseguía persuadirla para que cesara en su actitud Ninguna luciérnaga entendía los sentimientos de Felisa, ya no sabían qué decirle para animarle hasta la propia Felisa perdió la esperanza: creía que nunca dejaría de sentir aquél nudo en el pecho cada vez que entre las cortinas de su cuarto vislumbraba la luna a lo lejos de su ventana, con todas esas estrellas alumbrando la inmensidad del mundo. Sin embargo, un día de tormenta, cuando las demás luciérnagas habían salido con sus luces, la luciérnaga de más edad de la colonia se acercó a Felisa y le dijo: Felisa, mira por la ventana. ¿Acaso alumbran hoy las estrellas? No, las nubes las tapan, ¿verdad? Sin embargo, tú sigues alumbrando a pesar de las nubes. Felisa se acercó a la ventana para corroborar lo que la anciana le decía, y frente a la oscuridad de la noche tormentosa admiró en su reflejo una luz propia, única. Sin embargo, cuando las estrella alumbran me eclipsan con su luz, dijo Felisa compungida. La anciana le contestó: Pero Felisa, no importa que tu luz sea la que más se note. Las estrellas alumbran solamente cuando no hay nubes en el horizonte, después, huyen despavoridas. Sin embargo, tú alumbras siempre, pase lo que pase. Y lo mejor de todo es que no estás sola, tienes a tus cientos de amigos y familiares para que alumbren contigo. Si tu luz falla, cualquiera de tus amigas luciérnagas brillará para ti, al igual que tú lo haces con tu tierna luz. Felisa pensó en todo lo que la anciana le había dicho. Aquella noche, un poco más tarde, a pesar de la tormenta, Felisa salió de casa, miró al cielo y echó a volar. Su luz sería pequeña, pero consiguió alumbrar a todas las criaturas del bosque que lo necesitaban en aquella noche tan tenebrosa. "
Desde Manivela os deseo un próspero 2006
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BeiTa -
inesita ines -